El uso de datos satelitales impulsa la adopción de 285 prácticas regenerativas en el sur de Chile.

 

 

En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde la crisis hídrica avanza y los ciclos naturales se alteran, cruzar la resiliencia agrícola con información de precisión se ha vuelto una urgencia territorial». Y los datos demuestran que el modelo impulsado por Mayma, con el apoyo de Cisco Foundation, funciona: tras un año de trabajo territorial, el 98% de las familias agricultoras participantes del programa adoptó al menos una práctica agroecológica, sumando un total de 285 nuevas prácticas regenerativas en la región. En este sentido, el registro sistemático de datos para la toma de decisiones en los predios saltó de apenas un 11% inicial a un contundente 95%.

 

Para sostener estas métricas, el programa construyó un fuerte entramado de alianzas técnicas. Con el objetivo de acompañar a 80 familias en esta transición climática, se articuló el trabajo de campo con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y se procesaron datos satelitales a través del GEA LAB del IMASL-CONICET. El esfuerzo incluyó más de 340 visitas a los campos y 79 diagnósticos de resiliencia que derivaron en 72 hojas de ruta personalizadas. Cada agricultor recibió recomendaciones tecnológicas y agronómicas diseñadas específicamente para su predio, su suelo y su disponibilidad de agua.

 

El impacto de tener información precisa transformó la dinámica diaria en el campo. «Aprender a utilizar el pluviómetro y los registros transformó por completo la forma en que tomo decisiones», resume Marcela Gallo, productora de la Región de Los Ríos. Por su parte, Ana María Yefi Huenupan, quien cultiva hortalizas en Lafquelmapu, destaca el valor del conocimiento cruzado: «Comprender el estado de mi suelo con datos técnicos, sumado al intercambio de experiencias, me dio la confianza necesaria para probar nuevas prácticas en mis invernaderos».

 

Hoy, con el 93% de las familias manifestando sentirse mejor preparadas para enfrentar la variabilidad climática, el desafío es claro. El modelo territorial basado en datos probó su efectividad y resiliencia. La oportunidad que se abre ahora es continuar fortaleciendo este ecosistema tecnológico e incorporar herramientas de inteligencia artificial para que la innovación climática llegue a cada vez más comunidades productivas del sur del país.

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